El exceso y deficiencia de yodo, un equilibrio difícil de mantener
N.H.Care a lunes 03 de julio de 2006
Durante décadas, los ciudadanos han evitado la deficiencia de yodo mediante el consumo de sal especialmente fortificada con yodo. Pero un estudio reciente en China sugiere que, en algunos casos, esta fortificación puede conducir a una ingesta excesiva de yodo, que tiene sus propios riesgos para la salud.
El meollo de la cuestión, según los expertos, es encontrar una dosis intermedia segura del microelemento, que es esencial para una función saludable de la tiroides.
"Es el mismo caso para cualquier mineral o vitamina, hay un nivel por debajo del cual se puede acabar con una deficiencia, y otro nivel por encima del cual se puede consumir en exceso", señaló Roberta Anding, dietista registrada y portavoz de la American Dietetic Association.
Tanto Anding como otro experto señalaron que, a pesar de los resultados del estudio chino, el principal problema relacionado con el yodo que enfrentan los estadounidenses es aún la deficiencia, especialmente entre mujeres embarazadas y aquéllos que han eliminado gran parte de la sal de su dieta.
"Realmente no pude encontrar casos o informes de casos sobre la sobredosis de yodo en los Estados Unidos", apuntó Anding.
Esa no es la situación en China, de acuerdo con un estudio publicado en la edición del 29 de junio del New England Journal of Medicine. Investigadores dirigidos por el Dr. Weiping Teng, de la Universidad Médica de China , compararon concentraciones de yodo en muestras de orina de más de 3,000 personas que residían en tres regiones diferentes del país.
También examinaron la incidencia de hipotiroidismo (tiroides poco activa) y la tiroiditis autoinmune (también llamada enfermedad de Hashimoto) en estas poblaciones. Ambas dolencias están relacionadas con la ingesta excesiva de yodo.
El equipo halló que el aumento de los niveles de consumo de yodo estaba estrechamente relacionado con un incremento en la incidencia de estas dos enfermedades de la tiroides, que pueden causar fatiga y una disminución fisiológica en general.
Aunque todas las personas consumían sal yodada, algunas comunidades resultaban más afectadas que otras.
"Esas personas estaban probablemente obteniendo yodo [de manera natural] en el agua, mientras que los otros no, y también estaban consumiendo sal yodada", explicó el Dr. Robert Utiger, profesor de medicina de Harvard y autor de un editorial sobre el estudio en la publicación. En conjunto, esa dosis doble empujaba a las personas a un exceso diario de yodo, explicó.
Utiger cree que los países o comunidades que estén considerando fortificar la sal con yodo deberían primero determinar cuánta cantidad del nutriente obtienen las personas a través de los alimentos y del agua.
Pero enfatizó que la deficiencia de yodo, y no el exceso, sigue siendo el área principal de preocupación, tanto a nivel global como en los Estados Unidos. Por ejemplo, a pesar del uso extendido de sal yodada, el porcentaje de mujeres embarazadas con deficiencia de yodo "se ha incrementado en los Estados Unidos en los últimos 20 años", destacó Utiger, de sólo uno por ciento en los años 70 a 7 por ciento en 2002.
Eso es problemático, agregó Utiger, debido a que una deficiencia severa del nutriente puede conducir a un aborto espontáneo o a defectos congénitos serios como el retraso mental. Incluso las deficiencias leves en la infancia han sido asociadas a dificultades de aprendizaje, un pobre desarrollo y bocio en niños de edad escolar.
"Por supuesto, nuestra mayor fuente de yodo es la sal yodada", apuntó. "Pero veo cada vez más que la gente se vuelve hacia las versiones que son más 'naturales', como sal no yodada, por ejemplo, o que las personas recortan el uso de sal añadida".
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