¿Mi hija es anoréxica?
Canal Salud a miércoles 02 de marzo de 2005
Los desórdenes alimentarios constituyen la primera enfermedad entre los adolescentes en los países occidentales.
Entre las principales consecuencias se encuentran la anorexia, la bulimia, la depresión, las tóxico-dependencias, los desórdenes de ansiedad y los problemas de peso ...
- Los desórdenes alimentarios constituyen la primera enfermedad entre los adolescentes en los países occidentales.
- Entre las principales consecuencias se encuentran la anorexia, la bulimia, la depresión, las tóxico-dependencias, los desórdenes de ansiedad y los problemas de peso.
- La anorexia nerviosa presenta una tasa de mortalidad del 0'56% al año y está aumentando. La relación entre sexos es de nueve mujeres por cada hombre.
- El papel del médico general o de familia es esencial en la prevención, diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad.
- Los síntomas suelen comenzar con dolores de estómago, que asemejan a la sensación de tener gas y terminan con la pérdida de conocimiento. En este camino, la joven pierde peso, tiene trastornos menstruales, come pero vomita a continuación, aparece cansada, se fatiga al menor ejercicio, y adopta toda una personalidad introvertida para evitar ser preguntada por su salud, negando cualquier evidencia.
- Suelen ser buenos estudiantes que dan un vuelco a su personalidad y pierden autoestima e interés por las cosas.
- La obsesión por el ejercicio y la figura delgada es el inicio de una serie de síntomas que deben conocerse para atajar a tiempo la enfermedad.
- Existen tres tipos de anorexia, la leve, la moderada y la grave; todos ellos en relación con la seriedad de los síntomas que provocan la malnutrición y la pérdida de peso.
- La sospecha de existencia de anorexia debe conllevar una colaboración estrecha entre médico general o de familia, los padres y la/el paciente, para el éxito y recuperación total del mismo.
- El internamiento es necesario en casos de anorexia grave, y una vez fuera del hospital el seguimiento debe ser total porque las recidivas existen en un 50% de los casos.
El caso es típico, una joven de 16 años acude a la consulta del médico general acompañada de su madre y cuenta que ha tenido un episodio breve de dolor abdominal. La madre dice que la niña no come y que sus hábitos alimentarios son muy malos.
El médico prosigue con su historia clínica y consigue que la joven le diga que el dolor comenzó varios días atrás, que creía que eran gases. Después, en un momento dado, perdió el conocimiento breves momentos y fue cuando se asustó, porque a veces se sentía mareada pero no había llegado a perder el conocimiento.
Poco a poco la paciente describe otros síntomas, taquicardia, respiración entrecortada, náuseas, diarreas, fatiga, cansancio y dificultades para conciliar el sueño. Sus periodos menstruales desde los 14 años eran cíclicos de 21 días, y cinco de menstruación, pero hace pocos meses sus ciclos se han alargado a los 34 días.
En casa es buena estudiante, no tiene gran problema con sus hermanos ni con sus padres, y no hay otros síntomas psicológicos aparentes.
Los principales factores de riesgo son, sin duda:
- la pérdida de la autoestima,
- los conflictos y dudas sobre su identidad o autonomía.
En general, son buenos estudiantes y no dan problemas a la familia. Pero con la llegada de la adolescencia, el tema cambia.
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