Cuando después de la operación aparece dolor, hay que acudir al médico. El hecho de haber sido intervenido no significa necesariamente que el dolor se deba a la operación -especialmente si tras ésta ya ha habido un
período sin dolor-, por lo que lo primero que el médico hará será valorar la situación, hacer una detallada historia clínica y exploración física y valorar la conveniencia de solicitar alguna prueba complementaria para determinar cuál es el origen del dolor.
Si los episodios de dolor que aparecen tras la operación son ocasionales, no siempre es indispensable ir inmediatamente al médico. En la mayoría de los casos, el episodio desaparece en menos de 7 días, casi con independencia del tratamiento que se emplee. Mientras, y para acortarlo, es importante evitar el reposo, mantener el mayor grado de actividad y movilidad que el dolor permita -suspendiendo transitoriamente tan solo aquellas actividades que desencadenen o agraven el dolor-, y restringir la toma de fármacos -especialmente analgésicos- a los momentos en los que el dolor sea más intenso.
Si el dolor es distinto en sus características o localización, o no mejora tras unos días, es conveniente ir al médico. En la inmensa mayoría de los casos se puede tratar satisfactoriamente con medicamentos, intervención neurorreflejoterápica, ejercicio u otros tratamientos no quirúrgicos. El hecho de haber sido operado previamente no significa en absoluto que todos los episodios de dolor que puedan aparecer en el futuro necesiten de una nueva intervención.