Los esteroides son
antiinflamatorios muy potentes, pero sus riesgos también son importantes e impiden su uso sistemático.
Los efectos secundarios más frecuentes son sobre el tubo digestivo, donde pueden causar desde ardores de estómago hasta úlceras sangrantes. También aumentan la cantidad de azúcar en sangre, pudiendo desestabilizar el control de los diabéticos, generan
obesidad y la destrucción de las proteínas, causando
atrofia muscular a largo plazo, y fragilidad capilar, facilitando la aparición de hemorragias.
Algunas de las recomendaciones basadas en la evidencia científica disponible los aconseja por vía intramuscular (no oral) y sólo brevemente y de forma excepcional cuando la sintomatología es muy intensa y resiste los
antiinflamatorios no esteroideos. Las recomendaciones basadas en la evidencia científica disponible coinciden en señalar que los pocos estudios realizados sugieren que los esteroides por vía oral no son eficaces para el tratamiento del dolor de espalda.
Frecuentemente se han usado antidepresivos, tanto por su efecto propio como porque se sospechaba que podrían interferir en la transmisión del dolor. Algunas de las recomendaciones basadas en la evidencia científica disponible establecen que es muy escasa la base científica para prescribirlos por dolor de espalda y que no existen estudios sobre su uso en pacientes agudos.
Algunos de sus efectos secundarios son sequedad de boca, adormecimiento,
estreñimiento y bajadas de tensión arterial.
Es un
fármaco usado en enfermedades reumáticas. Sus efectos secundarios más frecuentes son irritación del tubo digestivo y problemas cutáneos que afectan a un tercio de quienes lo usan, pero también pueden disminuir la fabricación de algunas células de la sangre. Los estudios científicos disponibles no sugieren que sea eficaz para los dolores de espalda.
Los opioides son fármacos derivados de la morfina. Son calmantes muy potentes y a veces se ha planteado su uso en episodios muy intensos, en los que el dolor resiste a los demás fármacos. Sin embargo, son peligrosos y tienen efectos secundarios importantes, como adormecimiento, disminución de los reflejos, alteración del juicio y riesgo de dependencia. Algunas de las recomendaciones basadas en la evidencia científica disponible señalan que aparecen en aproximadamente el 35% de los pacientes que los usan. Las recomendaciones basadas en la evidencia científica disponible establecen que para el dolor de espalda no son más eficaces que otros fármacos más seguros, como el paracetamol, la aspirina o los
antiinflamatorios no esteroideos. Por eso recomiendan evitar su uso por dolor de espalda.