Especial atención a los ojos
Sonia Sansegundo a jueves 29 de junio de 2006
las principales fuentes de riesgo para los ojos son, básicamente, cuatro: la radiación solar, los agentes tóxicos para el cuidado de las piscinas, las bacterias y los traumatismos oculares deportivos.
Los rayos solares están divididos según los nanómetros (nm) que poseen. La más peligrosa para el ojo humano es la Radiación U-VC (de 100 nm a 290 nm). La capa de Ozono evita que éstos alcancen la superficie de la Tierra aunque una mínima proporción de estos bastaría para provocar un aumento considerable de cáncer de piel, alteraciones en el sistema inmunológico, cataratas en los ojos y daños graves en otras áreas como la agricultura.
La Radiación U-VB (290 nm a 320 nm) es, en caso de atravesar la atmósfera, la principal responsable del daño ocular, favoreciendo la opacificación del Cristalino y dando origen a las Cataratas. Así, de los rayos de 320 nm., sólo el 40 por ciento es absorbido por la córnea, trasmitiéndose el resto hacia el interior del ojo.
Por su parte, la Radiación U-VA> también atraviesa la atmósfera, y aunque son menos dañinos, no por ellos dejan de ser preocupantes. Producen el bronceado de la piel y las reacciones de fotosensibilidad, aunque el cristalino de un adulto absorbe la mayoría de los rayos que están por debajo de los 370 nm.
Las dolencias más habituales por lesiones oculares producidas por Radiación Ultravioleta son dos: la queratitis superficial, que puede evitarse usando lentes protectores correspondientes, provoca fotofobia y una sensación de arenilla dentro de los ojos que suele mejorar permaneciendo con los ojos cerrados durante unas 12 horas, y las cataratas (u opacificación del Cristalino). Éstas son originadas por los rayos UV- B y se observan con mayor frecuencia en las personas que viven en zonas ecuatoriales o elevadas. Las evidencias epidemiológicas acerca de la relación causal entre RUV y Catarata permite asegurar que la protección contra estos rayos no solo es conveniente sino necesaria para evitar el desarrollo de la catarata senil.
Además, y a pesar de que el cristalino y el epitelio pigmentario protegen en gran medida a la retina, hay radiaciones que la afectan, como en la típica ‘quemadura’ de los fotorreceptores de la retina foveal, por ver un eclipse solar sin la protección adecuada.
Y en la piscina...
Uno de los peligros a los que nos enfrentamos cuando nos refrescamos en una piscina son las conjuntivitis que podemos desarrollar.
La conjuntivitis por clamidias es consecuencia de la aparición de un organismo que puede causar distintas enfermedades en el ojo: el tracoma, las conjuntivitis de inclusión del recién nacido, las conjuntivitis de piscinas de niños y adultos jóvenes y las conjuntivitis asociadas a una enfermedad de transmisión sexual (clamidiasis).
La conjuntivitis irritativa puede estar ocasionada por una cantidad de cloro superior a la exigida, pues ésta puede repercutir en la salud de la piel y los ojos en las personas que son especialmente sensibles. Esta variación de conjuntivitis se manifiesta por molestias oculares como picor o escozor, con enrojecimiento ocular moderado en presencia de algún producto irritante (humo de tabaco, cloro de piscinas...) y se resuelve espontáneamente fuera de estos ambientes particulares.
La conjuntivitis bacteriana afecta habitualmente a los dos ojos y, si no hay complicaciones, sus síntomas suelen ser menores: molestias en los párpados, enrojecimiento del ojo, picor o sensación de cuerpo extraño (arena) y secreciones en principio acuosas y después mucosas que pueden llegar a pegar los párpados por las mañanas. No existe dolor importante y la visión se conserva cuando se eliminan las secreciones; no obstante, si existe realmente dolor o disminución de la visión, hay que sospechar que hay una complicación u otro diagnóstico distinto.
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